Ya no se desenchufan de su vida cotidiana cada vez que el avión despega: o tienen a sus hijos en el asiento de al lado, o, si quedaron en casa, de alguna manera los llevan en su mente, preguntándose si el marido, los abuelos, tíos o quien los acompañe los estarán cuidando “tan bien” como ellas. Las que viajan con los hijos soportarán estoicas las miradas quejosas de los demás pasajeros cada vez que el bebé llora o el niño grita, sabiendo que al llegar al hotel luego de cumplir con una lista extensísima de reuniones de negocios, se sacarán sus tacos y podrán estar un rato con ellos.
Las que los dejaron, muchas veces luchan contra la culpa psicológica de romper con ese paradigma de la madre devota que siempre se pone en segundo plano, mezclada con otros miedos más reales, como de que se enferme cuando ella no está, o que extrañe tanto como para perjudicar su vida social y educativa.
Y las auténticas trotamundos, las que cada año cambian la dirección de su casa —incluyendo país—, sabrán que tampoco es fácil vivir sin madre, hermana o mejores amigas de toda la vida para compartir consejos de crianza, y además saber que los nenes van a sufrir inevitablemente el desapego al despedirse de sus amigos.
Las que los dejaron, muchas veces luchan contra la culpa psicológica de romper con ese paradigma de la madre devota que siempre se pone en segundo plano, mezclada con otros miedos más reales, como de que se enferme cuando ella no está, o que extrañe tanto como para perjudicar su vida social y educativa.
Y las auténticas trotamundos, las que cada año cambian la dirección de su casa —incluyendo país—, sabrán que tampoco es fácil vivir sin madre, hermana o mejores amigas de toda la vida para compartir consejos de crianza, y además saber que los nenes van a sufrir inevitablemente el desapego al despedirse de sus amigos.
Este artículo fue escrito para la revista uruguaya Galería de Búsqueda
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Foto: Sergio Gómez
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Karina lleva 17 años en la empresa y tiene con París un vínculo especial: allí empezó a salir con quien hoy es su marido, Federico Pigni — que también trabaja en la empresa—, y este será el sexto año que juntos van a la ciudad de la luz.
“Lo divertido es el cargamento que llevo desde Montevideo, mi valija es como la Biblia y el calefón, porque llevo toda la ropa de trabajo, las presentaciones y la computadora, pero también el desinfectante —cuando sos grande no te importa, pero no podés dejar a tus hijos jugando una hora en la bañera si no estás segura de que está limpia—, el calientamemas y los pañales”, contó.
Como trabajan en distintas divisiones no suelen tener actividades profesionales en los mismos días —generalmente, es una semana él y otra ella—, así que pueden cuidar a los chicos durante el viaje.
“Al principio los llevábamos, porque como son chicos no entienden por qué los dejás, y ahora son ellos los que nos preguntan cuándo nos vamos de viaje. Se volvió como el premio de la familia.
Este año es más complicado porque Nicolás empezó primero de escuela, pero hablé con la maestra y me dio deberes para las dos semanas que va a faltar a clase”, explicó Porteiro.
En París, ya no se alojan en hoteles sino en apart-hoteles, para poder cocinar algo que a los niños les guste, lavar la ropa, y tener un living para que los chicos jueguen o miren TV cuando llueve. Karina y Federico ya no tienen casi nunca las cenas románticas de antaño, pero ahora son expertos en Eurodisney y todos los zoológicos y parques infantiles de la ciudad.
“Mi vida es medio dispar porque termino con todo lo de los chicos y tengo que ir a las reuniones como si nada. Evidentemente, es bastante cansador”, confiesa, “pero lo hago porque creemos que vale la pena. El lugar es maravilloso, pero más allá de eso, lo lindo es lo que vivimos, una aventura, un viaje en avión, una situación bien particular que nos une como familia”.
Foto: Sergio Gómez
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Trotamundos. Rachel Brazier, la cónsul de la Embajada Británica en Uruguay, les habla a sus hijos Matthew (6) y Emma (2) en español e inglés. De padre cartógrafo, se pasó la infancia y la adolescencia viviendo en África —Yemen, Kenia, Liberia y Botswana, entre otros—, en Barbados, Brasil y otros países. Según su propia experiencia, ser un niño y adolescente trotamundos tiene más virtudes que defectos, por lo que no consideró incompatible la maternidad con la carrera diplomática.
A su entender, los chicos no presentan grandes problemas en sus primeros años, donde para ser amigos de otro niño les basta con un par de minutos. Sin embargo, sabe que en la escuela, cuando las amistades empiezan a ser más intensas, separarse de sus pares se les vuelve más difícil. Ella misma lo experimentó a los seis años, en Brasil, cuando se despidió de su grupo de amigos, el primero de los muchos que se haría a lo largo y ancho del mundo.
Rachel y su marido, el ingeniero ecuatoriano Rafael Romero — se conocieron durante una misión de ella en Ecuador—, están viviendo en Uruguay desde 2008. Matthew nació en Nueva York y Emma en Montevideo. Pero en julio se termina la misión y la familia se va a instalar en Gran Bretaña. Desde hace unos meses, Rachel los está preparando con fotos e información sobre su país natal, para generar buenas expectativas.
“Creo que para un niño es estimulante tener padres que trabajen en cosas interesantes, que disfruten, eso me parece un buen modelo. Matthew, por ejemplo, ya está mostrando interés. Ubica en el globo terráqueo los países con mayor rapidez y exactitud que un niño promedio. Señala Oriente Medio y dice ‘zona de guerra’. Reconoce a Chávez y Cristina en la televisión”.
¿Cuál fue la clave para lograr esto? “Mi marido”, contesta Brazier inmediatamente. Romero contrarresta las extensas jornadas de su esposa yendo a buscar a los chicos al colegio y compartiendo otras actividades a las que ella no puede asistir. “A veces te duele un poquito, porque, por ejemplo, si se raspan la rodilla dicen primero ‘papá’ que ‘mamá’. Pero eso es porque mi marido es un padre excelente”.
A su entender, los chicos no presentan grandes problemas en sus primeros años, donde para ser amigos de otro niño les basta con un par de minutos. Sin embargo, sabe que en la escuela, cuando las amistades empiezan a ser más intensas, separarse de sus pares se les vuelve más difícil. Ella misma lo experimentó a los seis años, en Brasil, cuando se despidió de su grupo de amigos, el primero de los muchos que se haría a lo largo y ancho del mundo.
Rachel y su marido, el ingeniero ecuatoriano Rafael Romero — se conocieron durante una misión de ella en Ecuador—, están viviendo en Uruguay desde 2008. Matthew nació en Nueva York y Emma en Montevideo. Pero en julio se termina la misión y la familia se va a instalar en Gran Bretaña. Desde hace unos meses, Rachel los está preparando con fotos e información sobre su país natal, para generar buenas expectativas.
“Creo que para un niño es estimulante tener padres que trabajen en cosas interesantes, que disfruten, eso me parece un buen modelo. Matthew, por ejemplo, ya está mostrando interés. Ubica en el globo terráqueo los países con mayor rapidez y exactitud que un niño promedio. Señala Oriente Medio y dice ‘zona de guerra’. Reconoce a Chávez y Cristina en la televisión”.
¿Cuál fue la clave para lograr esto? “Mi marido”, contesta Brazier inmediatamente. Romero contrarresta las extensas jornadas de su esposa yendo a buscar a los chicos al colegio y compartiendo otras actividades a las que ella no puede asistir. “A veces te duele un poquito, porque, por ejemplo, si se raspan la rodilla dicen primero ‘papá’ que ‘mamá’. Pero eso es porque mi marido es un padre excelente”.
Foto: Sergio Gómez
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De alto vuelo. La gerente general de American Airlines en Uruguay, Lucía Zaglio, entró a la compañía cuando Tomás (17) tenía cinco años y al poco tiempo tuvo que viajar a la sede de la empresa en Dallas. Esta ruta se volvió frecuente, y aunque Tomás al llegar a la edad escolar (o al liceo) la acompañó un par de veces, la mayoría se quedó en casa. Para ella, llevarlo no solo implica que de todas formas pase más tiempo con su madre, porque la agenda de trabajo es muy extensa, sino que al crecer se suma que los viajes coinciden con el colegio o liceo. “Lo que hicimos fue desmitificar el tema, simplemente aceptamos que ese era mi trabajo, como cualquier otro. Alguna vez me perdí alguna reunión o festejo en la escuela”, confesó Lucía, pero su hijo nunca se lo reprochó. “Tomás siempre fue un chico cariñoso, responsable, bastante maduro.
Con él se puede conversar razonablemente. Hablamos de mi trabajo y de sus limitaciones desde un principio. Además a él le encantan los aviones y los viajes, y siempre que pude lo llevé conmigo. Él creció con American”, dijo. Para ella también es clave brindarle a su hijo el ejemplo de una persona feliz por seguir su vocación: “Él sabe lo mucho que disfruto mi trabajo, así que siempre me apoya”.
No hay grandes recetas sobre cómo hacer que los chicos sobrelleven el viaje de su madre lo mejor posible. Las llamadas de teléfono y Skype, por ejemplo, pueden ser de gran ayuda. Sin embargo, a algunos niños solo los hace llorar, por recordarles que su madre no está y aumentarles la ansiedad por el regreso. Siguiendo el consejo de una psicóloga amiga, una madre preparó junto a sus hijas una cartulina con el calendario del viaje, para que ellas pudieran saber dónde estaba en cada jornada y qué estaba haciendo. Lo ilustraron con fotos y dibujos, y fueron tachando cada vez que pasaba un día, para tener una noción del tiempo. Según la abuela de las chicas, la idea fue genial y mantuvo a sus dos nietas tranquilas. Sin embargo, la siguiente vez que estuvo por viajar, su hija mayor ya era más grande y le pidió que no hicieran el calendario porque revisarlo hacía que extrañara más. En este caso, la edad de la niña también influyó en cómo tomó el viaje de su madre.
Con él se puede conversar razonablemente. Hablamos de mi trabajo y de sus limitaciones desde un principio. Además a él le encantan los aviones y los viajes, y siempre que pude lo llevé conmigo. Él creció con American”, dijo. Para ella también es clave brindarle a su hijo el ejemplo de una persona feliz por seguir su vocación: “Él sabe lo mucho que disfruto mi trabajo, así que siempre me apoya”.
No hay grandes recetas sobre cómo hacer que los chicos sobrelleven el viaje de su madre lo mejor posible. Las llamadas de teléfono y Skype, por ejemplo, pueden ser de gran ayuda. Sin embargo, a algunos niños solo los hace llorar, por recordarles que su madre no está y aumentarles la ansiedad por el regreso. Siguiendo el consejo de una psicóloga amiga, una madre preparó junto a sus hijas una cartulina con el calendario del viaje, para que ellas pudieran saber dónde estaba en cada jornada y qué estaba haciendo. Lo ilustraron con fotos y dibujos, y fueron tachando cada vez que pasaba un día, para tener una noción del tiempo. Según la abuela de las chicas, la idea fue genial y mantuvo a sus dos nietas tranquilas. Sin embargo, la siguiente vez que estuvo por viajar, su hija mayor ya era más grande y le pidió que no hicieran el calendario porque revisarlo hacía que extrañara más. En este caso, la edad de la niña también influyó en cómo tomó el viaje de su madre.
Foto: Sergio Gómez
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La primera vez. Cuando la abogada Sandra González, socia del Estudio Ferrère, se fue a Nueva York por trabajo sin su hija, casi lo suspende por un ataque de gastritis. María Eugenia tenía seis meses (ahora tiene tres años) y Sandra trabajaba en el caso desde hacía años. “Nos encantaría que fueras, porque sos la que está más metida en el caso”, le dijeron en el estudio. “Decidilo y nos comentás”. Llegó a su casa, consultó a su marido —que también trabaja en Ferrère— y recibió su apoyo, así que se puso a organizar el viaje.
“Una semana antes de viajar me vino un ataque de gastritis. No sabía por qué era, pero fue subirme al avión y se me pasó todo. Me di cuenta de que eran nervios”, dijo a galería. “Después de haber pasado por ese trago, por ese test, las demás veces me lo tomé con más tranquilidad. Claro, también influye que no la veo a ella pasándola mal; por supuesto que si fuera así sería distinto”, agregó.
González lleva 17 años trabajando en Ferrère y su área, litigios y arbitrajes, supone constantes viajes al exterior. También integra varias organizaciones internacionales que cada año se dan cita en distintos puntos del globo.
Desde que nació María Eugenia ha hecho unos cuatro viajes al exterior al año, sin contar las idas a Buenos Aires, porque ahora va solo por el día. “Ahora que es más grande me encantaría llevarla, pero antes me parecía muy chiquita.
Los viajes de trabajo son muy intensos, y para mí no tiene sentido ir con ella para que esté todo el tiempo con otra persona. No la sacaría de su ambiente y rutina solo por tenerla cerca, para estar más tranquila. Para ella, lo mejor es estar en su casa e ir a su escuela, con sus amigos”, reflexionó.
Claro que hubo cambios. Antes, González mechaba días de vacaciones a sus viajes de negocios, y hoy concentra su agenda al máximo para no estar más de una semana en el exterior, su máximo tolerable. “Querés volver pronto. No vivo los viajes como una tortura, al contrario, los disfruto, pero me organizo para que sean cortos y para que todo funcione normalmente mientras no estoy”.
“Una semana antes de viajar me vino un ataque de gastritis. No sabía por qué era, pero fue subirme al avión y se me pasó todo. Me di cuenta de que eran nervios”, dijo a galería. “Después de haber pasado por ese trago, por ese test, las demás veces me lo tomé con más tranquilidad. Claro, también influye que no la veo a ella pasándola mal; por supuesto que si fuera así sería distinto”, agregó.
González lleva 17 años trabajando en Ferrère y su área, litigios y arbitrajes, supone constantes viajes al exterior. También integra varias organizaciones internacionales que cada año se dan cita en distintos puntos del globo.
Desde que nació María Eugenia ha hecho unos cuatro viajes al exterior al año, sin contar las idas a Buenos Aires, porque ahora va solo por el día. “Ahora que es más grande me encantaría llevarla, pero antes me parecía muy chiquita.
Los viajes de trabajo son muy intensos, y para mí no tiene sentido ir con ella para que esté todo el tiempo con otra persona. No la sacaría de su ambiente y rutina solo por tenerla cerca, para estar más tranquila. Para ella, lo mejor es estar en su casa e ir a su escuela, con sus amigos”, reflexionó.
Claro que hubo cambios. Antes, González mechaba días de vacaciones a sus viajes de negocios, y hoy concentra su agenda al máximo para no estar más de una semana en el exterior, su máximo tolerable. “Querés volver pronto. No vivo los viajes como una tortura, al contrario, los disfruto, pero me organizo para que sean cortos y para que todo funcione normalmente mientras no estoy”.
Soñadora. La argentina Candela Zapp es autora junto a su marido Herman Zapp de “Atrapa tu sueño”, un libro que documenta los años que la pareja lleva recorriendo el mundo con sus hijos. Su viaje empezó en enero del 2000, manejando un Graham-Paige de 28 y ya recorrieron América desde Argentina hasta Alaska, Asia, Australia y Nueva Zelanda. Cuando hablamos con Candela ellos estaban en Sudáfrica en dirección a Egipto, y nos contaron que el último continente que recorrerán será Europa. Durante este viaje nació Pampa (10, en Estados Unidos), Tehue (8, en Argentina), Paloma (5, en Canadá) y Wallaby (4, en Australia). Comparto con Uds. lo que Candela nos envió, por mail, desde Sudáfrica -lamentablemente la historia quedó fuera de la revista Galería porque ya habíamos entrado a imprenta, pero por suerte lo podemos compartir en este blog.
Comparto con ustedes lo que Candela escribió para nosotros:
Nunca he imaginado que podría dar la vuelta al mundo y ser madre a la vez. Si lo hubiera pensado antes de salir no me hubiera animado a partir. Era inimaginable para mí. Pero después de dos años de vivir nuestro sueño de viajar y de ser tan felices de hacerlo, Herman y yo necesitábamos compartirlo con alguien más. No podía ser mejor, cumplir un sueño dentro de otro. ¡Había que compartir tanta felicidad! Y en Guatemala comenzó otro gran viaje para mi, el de ser madre. Un viaje más largo que mi propio viaje alrededor del mundo. Tenía mucho miedo, de vivir mi primer embarazo y parto lejos de casa, lejos de mi madre, amigos y familia. Era mi primera vez y hasta mi médico no sería el mismo en cada visita. Me aferre a mi felicidad de ser mama y cada vez que flaqueaba escuchaba las palabras de Herman que me decían “Ser madre es algo totalmente natural”.
Fue este embarazo como también los otros tres, 100% compartido con Herman, para cada patadita, cada movimiento, estábamos los dos para disfrutarlo y esto creo una fortaleza increíble entre nosotros.
Ya llevamos 13 años viajando, de los cuales 10 años han sido viajando con hijos y descubrir el mundo con tus hijos es algo maravilloso. No solo veo el mundo a través de mis propios ojos sino a través de los ojos de mis hijos. Ellos me hacen ver al mundo desde otra perspectiva, ya que como madre hago diferentes programas para ellos. Gracias a ellos visito los museos de ciencia, de dinosaurios, voy a los parques de diversiones, de agua, paro en un arroyo tan solo para tirar piedras, voy a acuarios, vuelo en avionetas, visito shows de delfines y así miles de cosas más.
Lo que más valoro al viajar con ellos, es el tiempo que compartimos juntos. No solo el tiempo en sí, sino la calidad de tiempo. Ese tiempo que en la vida rutinaria es difícil de encontrar. Tenemos tiempo para cantar, aprender, divertirnos, jugar, contar cuentos, ver películas juntos… y este tiempo que disponemos lo voy a extrañar muchísimo cuando vuelva a un lugar fijo. Porque gracias a él, nos llegamos a conocer mucho, tanto, que sabemos perfectamente lo que a uno le gusta o disgusta. Veo que el viaje de esta forma está creando fuertes lazos entre ellos, veo que se cuidan entre si y ver eso siendo su mama, es muy gratificante para mí.
Tanto ellos como nosotros disfrutamos mucho el viajar. Tratamos de hacer programas para todas las edades y ellos disfrutan al ver a los otros disfrutar. No hay ningún día igual al otro, no hay posibilidad de aburrirse. Un día estamos pescando, otro escalando una montaña, remando un bote, cabalgando un camello, buceando, o bañando un elefante. La gente nos pregunta como hacen para viajar con chicos y nosotros ya no nos imaginamos como seria viajar sin ellos. Es tan divertido! Siempre algo está pasando, siempre hay una aventura.
El espíritu de nuestro viaje no es solo conocer lugares, sino su gente y vivir como uno de ellos. Hemos estado hospedados en más de 2500 casas de familias y hemos descubierto que la más linda sorpresa de este viaje es la gente. Y es por esta razón que queremos seguir viajando. Y seguir viajando con cuatro hijos me tiene súper activa, no solo porque debo hacer todas las tareas cotidianas que hace una madre pero en movimiento sino también porque mis dos hijos mayores ya entraron en edad escolar. Enseñarles a tus hijos es muy difícil pero lo considero un gran desafío para mí. Asique he aprendido a ser maestra para poder seguir y la escuela a distancia desde Argentina comencé.
Trato de encontrar la rutina en un viaje sin rutinas. Un día el pizarrón es la arena mojada de una playa, otro día se encuentra dentro del auto; cuando el tema es geografía el mapa de fondo es el mismo Everest; cuando es Ciencias Naturales, vemos leones comiendo una jirafa o el mismo volcán erupcionando, como también vemos una nave espacial de La Nasa despegando al espacio; cuando toca matemática aprendemos los valores del dinero en cada país o a contar las distancias; cuando toca sociales en las mismas casas que nos hospedan aprenden de culturas. Y así interminables clases que hacen que Pampa ya este en 5to grado y Tehue en 3ero con excelentes calificaciones. Yo les enseño pero el mundo es la mejor educación que están teniendo. Ya para el año que viene tendré a otra alumna mas, mi princesa Paloma empezara 1er grado. Para mi otro desafío mas que se que me reconfortara y me hará crecer aun más todavía.
Si me preguntas que es lo que quiero que aprendan mis hijos realmente… es que sepan que la gente en el mundo es maravillosa… que sean abiertos a ella, que siempre recuerden que han sido hospedados por ellos, por gente de distintas religiones, formas de vestir, colores, clases sociales, distintas maneras de pensar, de orar sin importarles de dónde veníamos. Que recuerden que esa gente les ha abierto las puertas por el solo hecho de querer ser parte de nuestro gran sueño.
Creo que como madre debo transmitirles la mejor educación y no hay nada mejor que el ejemplo que yo les pueda dar. Si yo me realizo frente a ellos como persona al cumplir mi sueño, que vean así, que ellos al cumplir sus sueños se realizaran como personas y así lograran su propia felicidad. Solo eso deseo para mis cuatro hijos.
Nunca he imaginado que podría dar la vuelta al mundo y ser madre a la vez. Si lo hubiera pensado antes de salir no me hubiera animado a partir. Era inimaginable para mí. Pero después de dos años de vivir nuestro sueño de viajar y de ser tan felices de hacerlo, Herman y yo necesitábamos compartirlo con alguien más. No podía ser mejor, cumplir un sueño dentro de otro. ¡Había que compartir tanta felicidad! Y en Guatemala comenzó otro gran viaje para mi, el de ser madre. Un viaje más largo que mi propio viaje alrededor del mundo. Tenía mucho miedo, de vivir mi primer embarazo y parto lejos de casa, lejos de mi madre, amigos y familia. Era mi primera vez y hasta mi médico no sería el mismo en cada visita. Me aferre a mi felicidad de ser mama y cada vez que flaqueaba escuchaba las palabras de Herman que me decían “Ser madre es algo totalmente natural”.
Fue este embarazo como también los otros tres, 100% compartido con Herman, para cada patadita, cada movimiento, estábamos los dos para disfrutarlo y esto creo una fortaleza increíble entre nosotros.
Ya llevamos 13 años viajando, de los cuales 10 años han sido viajando con hijos y descubrir el mundo con tus hijos es algo maravilloso. No solo veo el mundo a través de mis propios ojos sino a través de los ojos de mis hijos. Ellos me hacen ver al mundo desde otra perspectiva, ya que como madre hago diferentes programas para ellos. Gracias a ellos visito los museos de ciencia, de dinosaurios, voy a los parques de diversiones, de agua, paro en un arroyo tan solo para tirar piedras, voy a acuarios, vuelo en avionetas, visito shows de delfines y así miles de cosas más.
Lo que más valoro al viajar con ellos, es el tiempo que compartimos juntos. No solo el tiempo en sí, sino la calidad de tiempo. Ese tiempo que en la vida rutinaria es difícil de encontrar. Tenemos tiempo para cantar, aprender, divertirnos, jugar, contar cuentos, ver películas juntos… y este tiempo que disponemos lo voy a extrañar muchísimo cuando vuelva a un lugar fijo. Porque gracias a él, nos llegamos a conocer mucho, tanto, que sabemos perfectamente lo que a uno le gusta o disgusta. Veo que el viaje de esta forma está creando fuertes lazos entre ellos, veo que se cuidan entre si y ver eso siendo su mama, es muy gratificante para mí.
Tanto ellos como nosotros disfrutamos mucho el viajar. Tratamos de hacer programas para todas las edades y ellos disfrutan al ver a los otros disfrutar. No hay ningún día igual al otro, no hay posibilidad de aburrirse. Un día estamos pescando, otro escalando una montaña, remando un bote, cabalgando un camello, buceando, o bañando un elefante. La gente nos pregunta como hacen para viajar con chicos y nosotros ya no nos imaginamos como seria viajar sin ellos. Es tan divertido! Siempre algo está pasando, siempre hay una aventura.
El espíritu de nuestro viaje no es solo conocer lugares, sino su gente y vivir como uno de ellos. Hemos estado hospedados en más de 2500 casas de familias y hemos descubierto que la más linda sorpresa de este viaje es la gente. Y es por esta razón que queremos seguir viajando. Y seguir viajando con cuatro hijos me tiene súper activa, no solo porque debo hacer todas las tareas cotidianas que hace una madre pero en movimiento sino también porque mis dos hijos mayores ya entraron en edad escolar. Enseñarles a tus hijos es muy difícil pero lo considero un gran desafío para mí. Asique he aprendido a ser maestra para poder seguir y la escuela a distancia desde Argentina comencé.
Trato de encontrar la rutina en un viaje sin rutinas. Un día el pizarrón es la arena mojada de una playa, otro día se encuentra dentro del auto; cuando el tema es geografía el mapa de fondo es el mismo Everest; cuando es Ciencias Naturales, vemos leones comiendo una jirafa o el mismo volcán erupcionando, como también vemos una nave espacial de La Nasa despegando al espacio; cuando toca matemática aprendemos los valores del dinero en cada país o a contar las distancias; cuando toca sociales en las mismas casas que nos hospedan aprenden de culturas. Y así interminables clases que hacen que Pampa ya este en 5to grado y Tehue en 3ero con excelentes calificaciones. Yo les enseño pero el mundo es la mejor educación que están teniendo. Ya para el año que viene tendré a otra alumna mas, mi princesa Paloma empezara 1er grado. Para mi otro desafío mas que se que me reconfortara y me hará crecer aun más todavía.
Si me preguntas que es lo que quiero que aprendan mis hijos realmente… es que sepan que la gente en el mundo es maravillosa… que sean abiertos a ella, que siempre recuerden que han sido hospedados por ellos, por gente de distintas religiones, formas de vestir, colores, clases sociales, distintas maneras de pensar, de orar sin importarles de dónde veníamos. Que recuerden que esa gente les ha abierto las puertas por el solo hecho de querer ser parte de nuestro gran sueño.
Creo que como madre debo transmitirles la mejor educación y no hay nada mejor que el ejemplo que yo les pueda dar. Si yo me realizo frente a ellos como persona al cumplir mi sueño, que vean así, que ellos al cumplir sus sueños se realizaran como personas y así lograran su propia felicidad. Solo eso deseo para mis cuatro hijos.
