jueves, 31 de octubre de 2013

En tierras de la señora de los placeres

Apadrinada por la virgen Nossa Senhora dos Prazeres, Maceió recibe desde su flamante aeropuerto —el Internacional Zumbi, inaugurado en 2005— a los visitantes de Alagoas, un estado del norteste brasileño con 230 quilómetros de costa, donde se mezclan modernos paisajes ciudadanos de la capital —allí hay cadenas internacionales de hoteles como Ritz y Radisson—, relajados pueblitos de pescadores con posadas sobre la playa donde la consigna es desenchufarse, y puntos de interés histórico como Mariscal Deodoro, ciudad tierra adentro que data del siglo XVII y está considerada Patrimonio Histórico Nacional. 

Una negra parecida a Queen Latifah camina por la arena mientras grita “¡Ole a cocada do amor. ¡Que delicia! Você proba e se apaixona” con una sonrisa de oreja a oreja que destaca sus dientes blanquísimos.
De las palmeras altísimas bajan dos morochos con una cajita artesanal de madera —que parece de fósforos pero un poco más grande— y se acercan a un grupo de turistas. Le ponen un billete de 50 reales adentro (unos 500 pesos), la cierran y dicen: “quem abre, fica”. 

Familias, parejas que por lo acarameladas parecen estar en plena luna de miel —y otras que por su edad podrían estar festejando las bodas de oro— se desparraman entre puestitos que venden choclos, artesanías, pareos, vestidos, frutos del mar o cocos y ananás ahuecados, rellenos de jugos y cócteles. 
La escena se desarrolla en una de las playas de turquesa agua tibia de los 230 quilómetros de costa del estado de Alagoas, en el nordeste de Brasil. Algunas de estas playas son tan agrestes y de difícil acceso como nuestro Cabo Polonio y otras están rodeadas de pequeños pueblos de pescadores, salvo las de su capital Maceió, que con altísimos hoteles y edificios sobre la rambla parece una versión brasileña de Miami Beach. 
Sin haber descubierto por cuenta propia la forma de abrir las cajitas —hubo que comprarlas para conocer el secreto— se retira con la piel colorada por el sol y agua salada en el pelo un grupo de agentes de viaje uruguayos invitados a conocer Alagoas por LATAM y la Secretaría de Turismo de Alagoas, que también convocaron a esta periodista y a un fotógrafo de Galería. Después de haber descubierto que, aunque el Evangelio no lo dice, en su versión brasileña el paraíso está lleno de vendedores ambulantes. 


Bem-vindo ao nordeste. Con un poco más de 27 mil quilómetros cuadrados (el tamaño que suman Rocha, Lavalleja y Maldonado juntos), Alagoas es el segundo estado más chico de Brasil, pero concentra casi tantos habitantes (poco más de tres millones) como el Uruguay entero. El nombre, que significa “las lagunas”, se lo dan las 22 lagunas que pueblan su interior. 

Ubicada casi en el medio de la franja costera del estado yace su capital Maceió con una pintoresca rambla que recorre sus ocho quilómetros de costa. En el medio está el puerto de la ciudad y al norte los turísticos barrios de Pajuçara, Ponta Verde y Jatiuca, donde se agrupan los hoteles y restaurantes más coquetos de Maceió, la mayoría sobre la avenida costanera con vista hacia el mar. 
En cambio al sur del puerto está la rambla de Jaraguá, el lugar indicado para encontrarse con locales que salen a tomar aire o correr luego de una jornada de trabajo. Sin embargo, aunque el color del agua mantenga el turquesa de la zona turística y parezca hiper limpia, aquí no verá a nadie en el agua, pues está contaminada. 
El puerto y la playa Jaraguá —cuyo nombre en lengua tupí significa “puerto natural de las canoas”— forman parte del centro citadino, donde se encuentran los bancos, museos y universidades. El turista que quiera agregar un poquito de cultura a su rutina playera se encontrará aquí con la Catedral Metropolitana de Maceió, fundada hace casi 200 años, que hasta en su nombre (Nossa Senhora dos Prazeres, la virgen patrona de Maceió, que traducido sería Nuestra Señora de los Placeres) refleja el espíritu relajado del cálido nordeste brasileño. 
Esta ciudad, que vio nacer al músico Djavan y en 2002 se convirtió en la primera de Brasil en ser elegida como Capital Americana de la cultura, tiene desde hace pocos años un modernísimo centro Centro Cultural y de Exposiciones que incluye al teatro Gustavo Leite, uno de los más importantes del estado junto al centenario teatro Mariscal Deodoro. El Museo Instituto Histórico y el Palacio Floriano Peixoto aparecen también en todo city tour que le puedan ofrecer, acompañados por una vista de la ciudad desde lo alto de un morro. 
Rambla del barrio Ponta Verde, donde están los hoteles Maceió Mar y Ponta Verde, donde nos alojamos muchos de los del grupo.
La vista desde la ventana de mi cuarto
El hotel Mitsubara, en Maceió, incluye un parque acuático para niños.
Ciudad relax. Yendo hacia el norte, el barrio costero Pajuçara —que se pronuncia payusara— da la bienvenida a la zona de hoteles y edificios residenciales de los habitantes de mejor poder adquisitivo. De aguas calmas que la convierten en ideal para ir con chicos, Pajuçara ofrece una rambla salpicada de paradores sencillos de estilo familiar, con techo de quincho, muebles de plástico, cervezas de litro y pescado frito recién capturado. 
Esto, que se repite en los vecinos barrios de Ponta Verde, Jatiuca y Cruz das Almas, es el estilo de este balneario donde la única sofisticación es la simpleza. Donde hay cinco estrellas como el Radisson Maceió y el Ritz Lagoa da Anta, pero incluso a ellos la decoración es un poquito menos afrancesada que de costumbre, en pos de un ambiente más familiar. Donde los niños son tan importantes que otro hotel —el Matsubara, vecino del Ritz— incluyó en sus instalaciones un auténtico parque acuático a lo Disney. Donde no hay tiendas de Armani, Gucci o Louis Vuitton, sino una feria y mercado de artesanos donde abundan las prendas bordadas en filé, un tejido artesanal en base a fibra de bananero que se asemeja al crochet. Donde los visitantes prefieren los almuerzos buffet antes que las cenas con cinco tenedores. Maceió es la sede de un nuevo tipo de lujo, que pasa por la sencillez de poder relajarse en familia.  
El flan brasilero, que le agrega leche condensada a la receta tradicional, fue mi perdición -y la de medio grupo- durante todo el viaje
También hay opciones para sibaritas, como los dos restaurantes del Ritz Lagoa da Anta: Cana Café Brasserie y Le Sururu Bistrot Nordestino. Este último, que fue destacado en una reseña de la prestigiosa revista brasileña "Veja", fusiona la gastronomía francesa con productos del nordeste y debe su nombre al sururú, un marisco parecido al mejillón, de supuestas propiedades afrodisíacas, que abunda en la zona. 
Lopana, un parador con música en vivo ubicado en plena rambla de Pajuçara que a simple vista apenas se distingue del resto, figura en el número 6 de Trip Advisor entre los 277 restaurantes registrados en Maceió. Tiene como habitués a la mayoría de los habitantes alagoanos de mayor poder adquisitivo, según informó a Galería el brasileño Osmán "Bocha" da Silva, guía de turismo que acompaño a este grupo durante todo el viaje. Otro de los favoritos locales para los amantes de la alta cocina es el peruano Wanchako, en Jatiuca. 
Algunas de las exquisiteces que predominan en esta región son los camarones, que vienen en un tamaño levemente menor al que se consume en Uruguay, el cangrejo, la langosta —este crustáceo incluso tiene su propio festival gastronómico anual, cuya cuarta edición se celebrará en noviembre— y el pescado nordestino. Otros infaltables son el pão de queijo —hasta cadenas rápidas como McDonalds ofrecen este producto—, la tapioca (una especie de panqueque de harina de mandioca) frutas como mango y mamao, y refrescantes jugos o helados de cajá y graviola. También lo pueden sorprender por su delicioso sabor productos tan sencillos como el puré y el flan, pero lo refrenarán las calorías que contiene su secreto: le agregan leche condensada, un ítem infaltable en la cocina de cualquier brasileño. 
Llegada la noche —que aquí se anticipa y cae antes de las seis de la tarde— no espere la alocada movida nocturna de Praia da Pipa, Ferrugem o Porto Seguro. Sin embargo hay paradorcitos rústicos sobre la playa donde detenerse a tomar una cerveza o caipiriña, pubs con música en vivo como Coconut —que pronunciada en portugués se transforma en "coconuchi"— o la cervecería Maikai. Quienes quieren seguir la fiesta hasta tarde, lo pueden hacer en la disco Le Hotel. 
El grupo de viaje
Litoral norte. Aunque Maceió tiene piscinas naturales frente a Pajuçara, a dos quilómetros de la costa, las más famosas del estado están en Maragogi y Japaratinga, dos pueblitos de pescadores ubicados a unos 120 quilómetros al norte de la capital, casi en el límite con el estado de Pernambuco. Esta zona es el segundo polo turístico del estado después de Maceió, pues a 10 quilómetros de la costa hay gigantes bancos de arena que cuando la marea está baja permiten caminar en medio del océano para disfrutar de sus arrecifes de coral y nadar entre grandes cardúmenes de coloridos peces, tanto con un snorkel como alquilando un equipo completo de buceo. 

Lejos del paisaje citadino de Maceió, aquí la consigna es dedicarse al dolce far niente bajo una palmera, alojándose en all inclusive como el Maragogi Gran Oca o el Salinas Maragogi Resort, sin calles asfaltadas que se interpongan entre sus jardines y la playa. 
El Gran Oca, que invitó a este grupo a alojarse allí dos noches, parece más un barrio privado caribeño que un hotel. Gran parte de sus 229 habitaciones son cabañas, instaladas en un jardín rodeado de palmeras y de piscinas ondeadas que simulan un lago. Las habitaciones no tienen teléfono ni wifi, aunque si los hay en recepción y áreas comunes. Pero todo está ideado para que el huésped se relaje y desconecte. Salvo por las piscinas naturales, a las que se puede llegar contratando un barco desde la playa del hotel, hay poco para recorrer en los alrededores. Por eso es ideal para las personas cuyas vacaciones ideales son en un hotel all inclusive: tiene dos restaurantes —uno grande buffet y otro más pequeño y sofisticado—, un bar exterior y shows musicales diarios de alto nivel. Ni bien termina el show sube el volúmen en la propia discoteca del Gran Oca, que está abierta hasta las dos de la mañana.  
En unos barquitos de Maragogi nos llevaron a unos bancos de arena frente a nuestro hotel. Cuando la marea está baja te llevan a unas piscinas naturales a varios kilómetros de la costa, pero no tuvimos tanta suerte porque había marea alta.
A diferencia de la ciudad de Maceió, las playas del balneario Maragogi son super tranquilas, sin calles que separen los hoteles de la playa.
Rumbo al sur. Los que eligen no hospedarse en la capital buscando un hotel en una zona relajada como Maragogi pero con más ofertas culturales a mano, tienen como favorita a la Praia do Francés, una de las imágenes más frecuentes en las postales de Alagoas. Una barrera de coral paralela a la costa permite que sea mansa y brava a la vez y esto la vuelve simultáneamente atractiva para surfistas y padres de niños chicos. Luego de Australia, la del nordeste brasileño es la segunda barrera de corales más grande del mundo. 

Esta playa se ubica unos 25 quilómetros al sur de Maceió y a cinco de la histórica Mariscal Deodoro, ciudad tierra adentro que ronda los cuarenta y cinco mil habitantes. Fue fundada en 1611 como fuerte contra el ataque de piratas y corsarios que arrasaban con esas zonas a principios del siglo XVII. Con su arquitectura de estilo colonial, adoquines que datan de su fundación e iglesias majestuosas, la ciudad fue declarada Patrimonio Histórico Nacional por el Ministerio de Cultura de Brasil. 
Siguiendo su ruta hacia el sur, a 45 Km. de Maceió se encontrará con la Praia do Gunga, que durante años sirvió de refugio de muchas celebridades y está considerada una de las 10 más lindas de Brasil, en parte porque aún conserva su aire de playa escondida, y también por el plus que aportan sus palmeras cocoteras: allí está la mayor concentración de estos árboles por metro cuadrado de todo el estado. 
Hasta hace poco tiempo el acceso a ella estuvo limitado por el propietario de las tierras que la circundan —sólo se podía acceder en barco— pero hoy los caminos están abiertos. Eso sí, hay que contratar tours, pues no se permite el acceso a vehículos privados. 
Un par de paradores y varios puestitos de venta de artesanías y fruta contribuyen a otorgarle un cierto aire hippie, que salvando las distancias, recuerda por momentos a nuestra Rocha. 
Probablemente haya sido en esta playa que el sonriente clon de Queen Latifah nos ofreció su cocada del amor, un dulce elaborado con coco al que marketineramente le había agregado la propiedad de filtro de amor. Pero nadie necesitó ninguna pócima para enamorarse de este estado con clima tropical tibio, que se traduce en una media anual de 28 grados —la mínima más baja que se registra en invierno son 17º— donde se puede ir de vacaciones durante casi todo el año. 

Carina Fossati 
invitada a Alagoas 



Praia do Gunga, estado de Alagoas.
El Grupo LATAM Airlines ofrece dos vuelos diarios a Maceió vía San Pablo en aviones Airbus 320 y 321. Los pasajes se pueden comprar en www.lan.com, por teléfono al 2712 5555, en oficinas de LAN y TAM (Ellauri 343 frente a Punta Carretas Shopping) o en su agencia de viajes favorita.

De yapa les dejo una foto que me sacó Adrián, el fotógrafo de Galería, y me encantó. También la que le saqué yo a él, siguiendo sus consejos.

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